
La Final Four de la Champions de balonmano, celebrada en el Lanxess Arena de Colonia, ha sido testigo de una serie de eventos inesperados que han afectado el rendimiento de los equipos. A la hora de apostar, los contratiempos, como condiciones de la pista y decisiones arbitrales ajustadas, podrían influir en la forma en que los apostantes evalúan el desempeño de los equipos en futuros encuentros.
El Lanxess Arena de Colonia alberga desde 2010 la Final Four de la Champions de balonmano con tanto éxito que, a pesar de la ventaja deportiva que esta sede única representa para los equipos alemanes, tácitamente todos los clubs participantes asumen que es un fin de fiesta inmejorable y, por tanto, nadie ha dado de momento un paso al frente para intentar cambiar de país y escenario.
Haya o no equipos alemanes, el lleno absoluto con 20.000 espectadores los dos días de competición ha sido una constante en las 16 ediciones celebradas. De hecho, más de 13.000 entradas ya se han vendido para la Final Four de 2026, otra prueba más del tirón que tiene el acontecimiento sean quienes sean los cuatro semifinalistas.
"Colonia se ha convertido para el balonmano como Wimbledon en el tenis. Establecer Colonia como sede a largo plazo de la Final Four ha dado sus frutos y, si después de 16 años el interés aumenta cada vez más, demuestra que es la opción adecuada", afirmó Michael Wiederer, el presidente de la Federación Europea de Balonmano (EHF), que ya amplió el año pasado el contrato con la ciudad hasta 2029.
Sin embargo, algo inesperado empañó el sábado la disputa de las semifinales. El Füchse Berlín y el HBC Nantes jugaron el primer partido y pronto se vieron más resbalones de los habituales sobre la superficie de juego, con los jugadores haciendo a menudo esfuerzos para no perder pie o con dificultades para levantarse tras caer al suelo después de un lanzamiento. Entonces, a los nueve minutos, llegó una de las acciones por las que esta Final Four será recordada: la tarjeta roja directa a Mathias Gidsel tras arrollar accidentalmente a Kauldi Odriozola. La zancadilla fue involuntaria, consecuencia del resbalón que sufrió el crack danés, que no pudo frenar la inercia de la caída y atropelló así de mala manera al extremo español.
Los árbitros revisaron en vídeo la jugada y expulsaron a Gidsel. De golpe y porrazo, el público se quedó sin poder ver más al mejor jugador del mundo, cuyo estreno en una Final Four no pudo ser más desafortunado. Sea como sea, sus compañeros respondieron a la ausencia de su líder de forma ejemplar y consiguieron una victoria inapelable contra un decepcionante Nantes (34-24). "Solo quería cerrar el espacio un poco más a Odriozola para que no tuviese tanto ángulo de lanzamiento, pero resbalé un metro más y le toqué. Por supuesto, fue muy mala suerte", explicó Gidsel a MD en la zona mixta del Lanxess Arena.
"Lo primero que le dije a Kauldi es que no había sido a propósito. Para mí, personalmente, fue muy difícil porque ya no pude ayudar a mi equipo, pero estoy extremadamente orgulloso de lo que mis compañeros hicieron sin mí", destacó el danés.
"No es una disculpa por mi error, pero la pista era completamente un escándalo, estaba muy resbaladiza y todos los jugadores tenían que luchar mucho para mantener el equilibrio. Espero que puedan hacer algo para el domingo porque una cosa es que un jugador vea una tarjeta roja y otra, mucho peor, que alguien se lesione en el último partido de la temporada", explicó Gidsel ese sábado, muy serio.
Los resbalones siguieron al orden del día en la segunda semifinal, Barça-Magdeburgo, marcada por el desigual arbitraje de los macedonios Slave Nikolov y Gjorgji Nachevski. El distinto criterio aplicado en las dos áreas puso muy cuesta arriba el partido a los azulgrana, que a pesar de todos los condicionantes solo perdieron por un gol en el último segundo de Tim Hornke (30-31).
Árbitros aparte, hubo otro motivo que acabó de matar las posibilidades del Barça en el partido. A minuto y medio del final, con 30-29 a favor del Barça, Aitor Ariño sufrió un resbalón similar al de Gidsel con tan mala fortuna que también se llevó por delante al extremo rival, Tim Hornke. Tras la revisión del vídeo, los árbitros decretaron roja a Ariño apenas segundos después de otra roja a Jonathan Carlsbogard, tan rigurosa e incluso inexistente como la señalada a Thiagus Petrus en la primera parte. Esas dos expulsiones seguidas, por tanto, condenaron al Barça a jugar el minuto y medio final con dos jugadores menos, lo que fue determinante para que el Magdeburgo voltease el marcador: Hornke empató de penalti (30-30), Nikola Portner paró el último chut de Melvyn Richardson y el propio Hornke, con la defensa azulgrana agujereada al tener dos jugadores menos, dio la puntilla final (30-31).
"No tiene sentido que montemos el mejor pabellón de Europa, todo este espectáculo, y después que la pista esté en malas condiciones. A Gidsel le pasó lo mismo, es roja, pero no podemos jugar en una pista así. No se ha jugado en todo el año en pistas así que resbalan y nos meten aquí en pistas que resbalan. ¡No tiene sentido!", criticó Aitor en la retransmisión de Esport3.
¿Por qué se resbalaron tanto ese día los jugadores? La pregunta corrió como la pólvora en el Lanxess Arena, pero la EHF no dio una explicación hasta el domingo, cuando la situación ya se normalizó y tanto el partido por el tercer puesto como la final se jugaron sin esos continuos resbalones.
El director general de la EHF, David Szlezak, atribuyó a "la humedad" existente ese día en el Lanxess Arena los numerosos resbalones sufridos por los jugadores en las dos semifinales. "Por supuesto que hemos identificado el problema y nos tomamos esta situación muy en serio. La humedad fue tremenda y eso es algo que no podemos cambiar", explicó el director general de la EHF.
En principio, se especuló que quizás algún resto del espectáculo pirotécnico previo a los partidos podía haber influido en tanto traspié, pero la EHF fue contundente en su respuesta. "Eso es algo que podemos descartar completamente", contestó Szlezak, que también negó que las pegatinas publicitarias o cualquier elemento del parquet, como las líneas de juego, tuvieran algo que ver con los patinazos.
"Identificamos el problema de los resbalones y nos tomamos esta situación muy en serio. La humedad fue tremenda y eso es algo que no podemos cambiar", reiteró el director general de la EHF.
Sea como sea, los árbitros hicieron la vida imposible al Barça en la semifinal y, como colmo del cruel castigo sufrido en Colonia, la humedad se alió con el diablo para que Aitor resbalase y viese la tercera roja directa que tanto facilitó las cosas al Magdeburgo en el último minuto del encuentro. El club azulgrana presentó una queja formal a la EHF por sentirse "perjudicado por el arbitraje". En el club ya saben que su recorrido no va más allá, pero el derecho a la pataleta sí sirve como recordatorio para el futuro.
La Final Four seguirá jugándose y, cuando vuelva a Colonia, el Barça quiere que la EHF se acuerde de lo que ocurrió este año, "un robo clarísimo", según verbalizó el presidente Joan Laporta, para que no vuelva a suceder.
Mundo Deportivo



